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Reseña

La Electricidad en el Estado Nueva Esparta

En La Electricidad en el Estado Nueva Esparta, el Maestro Jesús Manuel Subero deja que sea una de sus pasiones más queridas y reverenciadas por él, la crónica, quien asuma las riendas del texto; así, este libro editado bajo los auspicios de la compañía de electrificación de Nueva Esparta, SENECA, se conduce casi solo. El Maestro, de vez en cuando y con discreción, ordena las informaciones periodísticas, los decretos, los contratos y las anécdotas que dan cuenta de cómo, en cuál fecha y con cuáles protagonistas en el gobierno o en el pueblo comenzaron a alumbrarse las casas, los caminos, las plazas en cada municipio de este estado desde que era con faroles hasta la electrificación paulatina harto deseada. En este libro el Maestro Jesús Manuel Subero pone al alcance del lector común información que sólo puede rastrearse después de una investigación exhaustiva, pero que él generosamente compila y entrega, junto con textos de su hermano Efraín y de Luis Beltrán Prieto Figueroa. La Electricidad en el Estado Nueva Esparta alumbra el camino que han de recorrer los pueblos, el de la construcción de la historia menuda, con sus anécdotas, su gracejo, y su urdimbre local. Completa el libro, y el recorrido, el contrato de concesión del servicio de electricidad del estado Nueva Esparta y el discurso del Dr. Ángel Félix Gómez con motivo de la inauguración y puesta en funcionamiento de la Planta No. 10 "Batalla de Matasiete", en enero del año pasado. Este discurso es una pieza bien tejida con los materiales que Felito maneja magistralmente: la crónica, el humor y el lenguaje que evoca desde la Biblia hasta la moderna planta, con una tesitura nostálgica, la luz, o mejor, las luces, las faenas relacionadas con ésta y las anécdotas que dejó sembrada en esta tierra tan portentoso fenómeno cuando el aceite, el carburo y las velas eran las mitigadoras de la oscurana.

Con un diseño ágil, La Electricidad en el Estado Nueva Esparta, se sirve de los colores de alto contraste: páginas negras con letras blancas en la contraportada y otras páginas interiores, bombillos y faroles sobre negro mate o brillante, sin embargo algunas fotografías interiores quedan sumergidas en una semipenumbra que le resta un poco de visibilidad al conjunto. L.M.


De Orillas y otras pinceladas

Las costas de Margarita suelen despertar irresistibles placeres en poetas como Juan José Prieto, quien ha quedado prendado a los pies de estas féminas.

Esta es la impresión que nos deja la lectura de un poemario como Orillas. Allí descubrimos a un poeta obnubilado por las costas margariteñas. Lo imaginamos deslumbrado por la presencia de playas, conchas, piedras, cardones...

Despacio te desnudas hasta el ocaso

guardando en tu cuerpo los tantos

hombres que te sufrieron

En Orillas hay un extraño diálogo entre el autor y los elementos marinos isleños que exponen un lenguaje sólo despreciable por algunos seres que se acercan a la naturaleza con la intención de captar sus imágenes y volcarlas en páginas con sabor de salitre, olor de algas y color de arena.

El poeta asuntino quiso dibujarnos con versos alcatraces y peñeros, fieles acompañantes del inmenso espejo.

Enjambre de alcatraces encima

del espejo que eres 

En Orillas nos asomamos al quehacer propio de la gente que subsiste aferrado a la cotidianidad de la carpintería de rivera y a la pesca como es el caso de Boca del Río. Imposible excluir el factor humano de la noble costa que provee el sustento y que a la vez abastece a Juan José Prieto de las imágenes necesarias para armar un mundo poético que nos ofrece sin mezquindades, de la misma forma que lo hace la madre natura con los seres que la habitan. 

Hacedor de barcos

con el sudor surcándole

el pellejo. 

Que canta polo y galerón

que tiene en su cara grietas

de tierra seca. 

La publicación del poemario Orillas es otro logro de la Alcaldía de Arismendi en su empe-ñado afán por ofrecer al pueblo neoespartano la posibilidad de acercarse al abanico cultural.

 

Pedro Rosas


 

"Jirones de existencia", el primer vuelo de pájaro 

Aunque se discuta mucho, se despotrique o se halague a los Concursos Literarios, éstos continúan teniendo un valor particular, incluso más allá de lo que muchos de sus organizadores puedan divisar, hasta el punto que en oportunidades el alcance de un certamen literario rebasa el nivel de responsabilidad de quienes lo propician.

Digamos, por ejemplo, que usted puede conocer a una persona, compartir con ella ratos agradables; incluso, esa persona puede ser excelente como anfitrión en Coche, donde lo trata como a un rey: buenos tragos, excelente comida, amistad desbordada y una especie de itinerario para que lo pase bien.

Esa persona puede acompañarlo en actividades culturales, en reuniones, y siempre lo verá como a un amigo, un colaborador, alguien agradable. Y puede ser un Concurso Literario el que le permita saberlo poeta, entenderlo como un tejedor de palabras para hacer poesía.

Eso ha sido así con Luis Miguel Patiño, un grato cochero, un maestro de escuela, un organizador de eventos culturales, que de repente obtiene una Mención Honorífica en el Concurso Literario "Rafael ‘Fucho’ Tovar", organizado por el Diario del Caribe. Y es como ese certamen literario, en su renglón poesía, nos permite saber que andamos con un poeta.

Jirones de existencia, así se titula el poemario de Luis Miguel Patiño, con el cual la Asociación de Escritores del Estado Nueva Esparta inicia su Colección "Vuelo de pájaro", limitada a publicaciones artesanales, ayudados por los avances de la tecnología y que nace producto de la imaginación de Luis Malaver.

Buen inicio para esta colección, pues en Jirones de existencia nos abrazamos a una poesía que se recrea con la isla del autor, Coche, y transforma esa pequeña porción de tierra rodeada de mar, habitada por gente buena, por la magia de los pueblos, no sólo en el telón de fondo donde se mueve el amor, la noche, la vida inconclusa, la existencia, la complicidad, las querencias, el fogón, el mar, siempre el mar, las luces, la oscuridad, los sobresaltos, sino en la razón que nutre todos esos elementos.

Hasta sus reflexiones existenciales, en sus preguntas a la vida, que discurren en sus poemas, nacen de una experiencia vivida en una calle de San Pedro o en una madrugada recibida a la orilla del mar en La Uva o en El Guamache. Es cierto que en su poesía no aparece Coche dibujado con sus calles y su arquitectura, que no está el horizonte solariego; pero la isla se percibe en las huidizas siluetas que la poesía de Luis Miguel Patiño nos va dejando.

Es su isla visible a partir de sus poemas, son los rumores y los silencios, de las oscuridades y la plaza, del registro de la memoria y de la nostalgia. Y eso nos permite ver a este novel poeta a escala humana.

P.S.


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