Letras de Tierra Firme

Cuentos

Eloy Yagüe

 

 

El chiste del verdugo

El reo de alta traición ya colocada su cabeza en el tocón cuando pidió un último favor.

-Amigo verdugo, antes de seccionar mi cuello nada me complacería más que me contara un chiste.

El verdugo, desconcertado, no supo qué decir. Había sido entrenado en los mejores métodos de descuartizar, degollar y decapitar, pero nunca en su vida se había reído y no conocía una sola broma, ni siquiera un chascarrillo.

En vista de que era el único verdugo del pequeño reino, debieron suspender la decapitación por tiempo indefinido, mientras lo aleccionaban en el difícil arte del ejercicio del buen humor. Para tal fin contrataron al propio reo de alta traición, un poeta burlón e irreverente, sentenciado precisamente por escribir unos estribillos satíricos que ridiculizaban a la familia real. Pero no hubo manera de arrancarle una semisonrisa ni mucho menos de que aprendiera el más sencillo juego de palabras.

Y como ya se sabe que un condenado a muerte no se le niega el último favor, hasta el día de hoy ese reo no ha podido ser ejecutado.

Los imbéciles invisibles

Un día todos los imbéciles del planeta se volvieron invisibles, por una extraña metamorfosis metabólica antigravitatorial.

Inmediatamente quedaron vacíos palacios presidenciales, cortes monárquicas, curules, hemiciclos e iglesias, lo cual no dejó de ser un alivio para las abigarradas multitudes de las ciudades.

Pero entonces los imbéciles se volvieron más peligrosos aún, porque aunque siempre estaban ahí nadie podía verlos.

El reverso de las de las cosas

Aquel señor, estudiante del ocultismo estaba empeñado en que todas las cosas tienen un reverso y desarrollar una mirada espiritual para poder ver el aura de los objetos. En esos estudios anduvo muchos años, intentando viajes astrales porque según decía- los grandes maestros lo recomendaban como el mejor sistema para ver lo inaccesible a las personas comunes y corrientes.

Una mañana practicaba de noche sus viajes- amaneció muerto en su cama con los ojos en blanco, volteados hacía dentro...

Había encontrado la sabiduría ¿eso nunca se sabrá?

 

Paracaidista

El hombre se levantó del suelo, se quitó la mochila y revisó: un nudo inoportuno había impedido que se abriera tanto el paracaídas principal como el de emergencia. Maldijo su mala suerte y antes de deshacerse en el éter aún escuchó el ruido del motor. Miró por última vez el plateado fuselaje y se dijo que jamás debía haber saltado de ese avión que se alejaba en el cielo.


Eloy Yagüe (Valencia, España, 1957), residenciado en Caracas desde los 7 años. Periodista y escritor, además de poeta. Ganador de varios premios literarios, incluyendo el Premio "Semana Negra" del Concurso de Cuentos Juan Rulfo (París, 1998). Sus cuentos llegaron de tierra firme a la isla de alguna manera, bien de forma oficial o por vía clandestina, bien en peñero o en lancha.


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