Cuento

Cuentos

Carlos Lira

J.L.S.

Era un cazador de ilusiones, un día subió al cielo para cazar la más grande y esquiva ilusión de todas y nunca más bajó. A veces se le logra ver en su loca carrera tras su veloz presa. Algunos profanos lo confunden entonces con una estrella fugaz.

Sueño

Lu Fang soñó que era un gato y, en su sueño, disfrutó todo el placer de cazar y devorar a un ratón. Al despertar, se dirigió directo a las fauces de un gato. Después de ese sueño no podía soportar la idea de seguir viviendo como un insignificante roedor.

Ley de Gravedad

Aquella tarde Isaac Newton descubría la Ley de Gravedad, al mismo tiempo, y varias latitudes más abajo, Juan Gómez moría con el cráneo completamente destrozado por un coco. Moraleja, los cocoteros no han ayudado mucho al avance de la ciencia.

Ley de Gravedad II

Entre golpes y latigazos, el negro Juan intentaba explicar a su amo la Ley de Gravitación Universal, mientras el amo pensaba que el esclavo era capaz de inventar cualquier cosa para salvarse de la golpiza por haber sido sorprendido dormitando bajo un manzano en horas de trabajo.

Hemorragia

- Lo siento, la perdimos -, dijeron los médicos cabizbajos. Después vinieron las recriminaciones: ¿por qué no los llamamos antes?, ¿por qué no la internamos?, pero quién iba a saber que las cosas se complicarían así de repente.

Todo comenzó hace cosa de 10 años más o menos, por aquel entonces sólo era una lágrima y muy de vez en cuando. Los vecinos le pusieron "la llorona", pero no lo hicieron por maldad, sino por cariño. Todos sabían que lloraba lágrimas de sangre, pero pocos la habían visto llorar, porque esas lágrimas sangrientas aparecían en los momentos menos pensados. Con el pasar del tiempo, el rojo llanto fue apareciendo con una regularidad más estricta, de manera que hasta los más incrédulos pudieron cerciorarse de la veracidad de los hechos. Luego, comenzó a llegar gente de otros lados, nuestro hogar casi se convirtió en un circo.

Pero hace tres días ocurrió algo extraño, el llanto, que nunca tardaba más de un minuto, prosiguió esta vez dos, tres, cinco minutos y no daba visos de cesar. Entonces sobrevino la hemorragia, ya no eran lágrimas, sino chorros de sangre. Fue cuando llamamos a los médicos.

Doy fe que los galenos hicieron todo lo humanamente posible para detener la hemorragia, pero los esfuerzos fueron inútiles (quizás era hemofílica), perdía sangre con mayor rapidez de lo que podía ser repuesta por cualquier transfusión, y ni hablar de hacerle un torniquete en el pescuezo.

La agonía fue larga, quién iba a creer que con su tamaño tuviese tanta sangre y tanta resistencia, pero al final, igual la perdimos.

Ahora tendremos que comprar la imagen de otra santa, pero eso sí, esta vez exigiremos que nos la vendan con certificado de salud vigente.

Cuento

Comenzó a beber a los tres años, a los cinco ya había probado la marihuana y otras drogas más fuertes... A los siete violó a su hermana. Un año después robaba bancos y mataba a quien se le opusiera. A los diez murió en un enfrentamiento con la policía. Es una lástima, fue un verdadero niño prodigio.

Infinita Bondad

Entonces Dios, cansado de que sus siervos evangelizadores no pudieran convencer a aquellos aborígenes primitivos de cambiar sus falsos ídolos y dioses de aspecto grotesco y carácter irascible, por él, verdadero Dios, comprensivo y de infinita bondad, mandó a sus siervos a apartarse un poco y de un solo gesto borró a los aborígenes de la faz de la tierra, con todo y sus falsos ídolos.


Carlos Lira (Porlamar, 1964), siendo autor de una receta para hacer poemas en su libro Sigma 23/ El laberinto, también se ha dedicado a escribir cuentos, especialmente cortos. En muchos de sus textos ha logrado un buen mestizaje entre la literatura y la biología marina. Ni siquiera él está seguro del resultado de esa disolución. El año pasado le publicaron su libro para niños Mágico mundo marino, al que su hijo, primer lector seleccionado, terminó coloreando.


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