Editorial

La culpa siempre la tienen los zancudos

Tenía como unos cinco minutos tratando de atrapar un fastidiosísimo zancudo que revoloteaba en plan de ataque entre mi oreja izquierda y la cúspide de mi cabeza. Mientras tanto la reunión se desarrollaba con toda normalidad. Se estaba discutiendo el material para el número cuatro de la revista "Tropel de Luces". Palabras iban y venían, así como el coño de madre de zancudo. Después de varios manotazos infructuosos, al fin logré atraparlo levantando el brazo y cerrando violentamente los dedos de mi mano derecha. -¡Antonio!- Me quedé con mi brazo levantado y el puño cerrado en una gestualidad en otros tiempos considerada como subversiva. –Estamos todos de acuerdo... Muy bien, entonces el editorial lo escribirá Antonio-. Esbocé una media sonrisa de complacencia, bajé apresuradamente mi brazo, abrí los dedos de mi mano y constaté con orgullo que el bicho yacía aplastado en medio de una pequeña mancha compuesta por alrededor de un mililitro de sangre.

Hubiera resultado embarazoso dar explicaciones a mis compañeros sobre la casualidad de mi gesto, así que no me quedó otro remedio que aceptar el reto y aquí me tienen.

Cultura: Resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de ejercitar las facultades intelectuales. Hasta aquí todos estamos de acuerdo, el problema viene cuando intentamos "hacer cultura" y entonces empiezan las contradicciones. Pero no quiero meterme en ese "paquete", solamente quiero publicitar nuestra forma (de los que nos reunimos de vez en cuando alrededor de una mesa) de hacer cultura y de abrir espacios en esta partícula de universo que se llama estado Nueva Esparta. Somos unos enamorados de la palabra: ella nos conmueve, nos emociona, nos estremece, nos alienta, nos motiva, nos hace pensar, razonar, reflexionar, nos hace sentir vivos en un mundo que parece hecho a la medida para "muertos vivientes" que andan con sus petites cellules grises (monsieur Poirot) atrofiadas por los mass media que podríamos rebautizar como mierda media o mass mierda, como ustedes lo prefieran. Somos de los que creen en las sirenas y que de vez en cuando las vemos aflorar en medio de cualquier bahía y quedamos extasiados por su belleza y temorosos por su mala fama. Somos de los que siguen creyendo que sí vale la pena estrellarse contra un molino de viento. Somos de los que continúan rasgando con un bisturí el Muro del Silencio, no porque pensamos que lo vamos a derrumbar, sino porque el simple hecho de tener ese bisturí en la mano nos hace sentir vivos. Seguimos creyendo, y entonces decidimos crear un espacio literario y cultural: Tropel de Luces. Con mucho esfuerzo, constancia, dedicación y sin contar con ningún, o muy escaso, apoyo de parte del oficialismo, hemos logrado realizar este sueño. En un mundo donde todos los días nos tiran en la cara la aplastante realidad, nos sentimos con derecho a soñar. Para defendernos del bombardeo cotidiano de los mass mierda usamos como escudos nuestras páginas impresas, con todos sus defectos, inmadurez, ingenuidad, etc. Las páginas de esta revista quizás tengan muchas fallas, pero con ellas hemos reavivado en muchos habitantes de este trozo de planeta, los tizones literarios y vivenciales que andaban echando pequeñas humaredas. Mucha gente se ha sorprendido, no podían creer que en medio de estas islas inmersas en el Mar Caribe, asoleadas y ahogadas en el delirio consumista, pudiera existir una publicación como ésta y que unos cuantos irreductibles siguieran reuniéndose todos los sábados alrededor de una mesa para embriagarse de palabras espirituales y bebidas espirituosas. En definitiva me siento orgulloso de participar activamente para mantener vivos estos espacios "culturales" y ser uno más de estos caballeros del siglo XXI que leen poemas en voz alta... y se atreven a declarar que el libro es una herramienta inmortal (gracias Antonio López Ortega por tu estímulo). Ahora los dejo, el inquieto Rocinante levanta su mirada hacia el Este, de ahí nos llegan estas palabras:

Tienes rostro de piedra labrada,

sangre de tierra dura,

has llegado del mar.

Todo acoges y escrutas

y rechazas

como el mar. En tu corazón

hay silencio, hay palabras

tragadas. Eres oscura.

Para ti el alba es silencio.

 

Cesare Pavese

He dicho.

Rafael Antonio Guerra


Rafael Antonio Guerra. Ácrata confeso y confesado. De vez en cuando escribe alguna que otra güevxxxxxx.


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