Desde la barra

Consideraciones en torno

a la Colegiación

de los Escritores Neoespartanos

Augusto Hernández

En Venezuela se ha demostrado hasta la saciedad que el primer paso para tomar el mando sin riesgos de ninguna especie, consiste en crear una asociación. Acto seguido la mentada agrupación debe transformarse en grupo de presión, luego de lo cual procurará convertirse en un factor de poder; ya para entonces no le quedará sino eliminar, mediante algunas zancadillas habilidosas, a los combos de arribistas que intentarán hacerle competencia en mesas de diálogo y comisiones mediadoras. Finalmente el grupo, gremio o asociación de marras conquistará el derecho exclusivo a proponer candidatos para los cargos más importantes y representativos de los sectores público, privado y cualquier otra guarandinga intermedia.

Como es lógico, ninguno de los actuales agremiados desea que la Asociación de Escritores de Nueva Esparta siga siendo una organización de carácter buhoneril, empeñada en agrupar indigentes y desempleados. Por desgracia los escritores, en términos generales, experimentan una marcada tendencia a pensar en pajaritos preñados (tema sobre el que deben haber escrito libros a patadas) y se empecinan en no buscarle el queso a la tostada.

Afortunadamente, gracias al equipo que la dirige en este inicio del milenio, las cosas están cambiando en la AENE, ya que sus ejecutivos gremiales muestran vocación de poder y ganas de agarrar la sartén por el mango. Así pues, el momento es por demás oportuno para que la Asociación de Escritores comience a dar los pasos dirigidos a convertirla en el Colegio Nacional de Escritores (Seccional Nueva Esparta).

Todos sabemos que, a pesar de ser una carrera con rango universitario, los profesionales de la literatura son vistos como pobres diablos por aquellos cuyas especialidades reservan el ejercicio de las mismas al respectivo gremio colegiado.

El proceso de transformación de la AENE en el CNE-NE permitirá, como primer logro, exigir que la autoría de todo tipo de escrituras quede reservada tan sólo a los miembros del gremio. A partir de entonces se proclamará que la condición de escritor es un derecho exclusivo de aquellos debidamente inscritos y solventes en la AENE. De manera simultánea la junta directiva procederá a elaborar un proyecto de Ley Bolivariana de Ejercicio de las Letras, que será sometido a la brevedad posible a la consideración de la Asamblea Nacional para su aprobación. De ahí en adelante sólo podrán escribir, publicar o supervisar artículos, textos, libros o literatura de cualquier especie, los egresados de las escuelas de letras de las universidades nacionales.

Para evitar injusticias, los escritores no graduados que hayan ejercido el oficio de manera empírica, inscritos en la AENE o en las asociaciones regionales correspondientes, y que se encuentren solventes para la fecha, recibirán el beneficio de la colegiación.
En lo sucesivo los profesionales de las letras no serán tratados despectivamente por otros universitarios con licencia exclusiva para ejercer oficios tales como periodistas, contadores, abogados o ingenieros. Desde ese entonces todo texto que no tenga fines absolutamente privados deberá llevar la firma o vistobueno de un miembro del CNE-NE, indicando su número de afiliación y el registro en el Impre-escritor.

Sabemos que las jornadas de lucha no serán cuestión de soplar y hacer botellas. Los miembros del CNE-NE deberán enfrentarse a los mal llamados escribientes y otros escribidores no menos piratas. Combatirán contra abogados, compañeros de partido y alma (mater) de la Ibáñez, con gastos "cubridos" y redacción cantinflérica. Deberán ocuparse de periódicos que parecen escritos en papiamento, por falta de correctores de pruebas calificados. Finalmente el colmo de los colmos, habrá que meter en cintura a los legisladores que redactan leyes que los retratan como analfabetos funcionales. La revisión legislativa abarcará, desde la ordenanza más insignificante, hasta la misma Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, cuyos visos de traducción apresurada del goajiro o el maquiritare, requieren una redacción más apegada al castellano.

Si todo sale bien, en el futuro los miembros del CNE-NE podrán figurar en sitiales de honor durante las celebraciones oficiales, junto a los directivos de Seneca, Hidrocaribe, Conferry y Gente Emergente, contándose entre los grupos de presión con mayor agarre en la isla.

 Más adelante podrían integrar comisiones, en compañía de comerciantes arábigos y delegados de Fedecámaras, para defender los derechos de las empresas monopólicas. Luego les concederían el privilegio de postular candidatos para dirigir entes culturales y bibliotecas públicas; después, con un poco de suerte, tal vez hasta redacten la terna para elegir al contralor.

A la postre, la nueva relevancia de los escritores neoespartanos les permitiría participar, junto a comandantes militares, bachilleres asuntinos y demás acaparadores de palabreos oficiales, como oradores de orden en las fechas sublimes de la patria.
        Señoras y señores: ¡he dicho!


Augusto Hernández (Caracas, México o Margarita, no hay lugar preciso, 1945), hijo de buena familia y, por supuesto, la oveja negra de la misma, pues en lugar de buscar hacer dinero como empresario, hacer de la política un oficio o dedicarse a la diplomacia, ha preferido el periodismo y el humor. El cierre de cuanto periódico, programa radial, página o cualquier otro espacio para escribir o hablar, ha caracterizado su carrera. Publicó un éxito editorial Memorias de un adúltero, pues todos corrieron a comprarlo para aprender de tan loable carrera. Es un jodedor.


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