De cómo la escritura me desprestigió

Emigdio Malaver G.

 

Afirmo, para empezar, categóricamente, que soy un simple escribidor de artículos, que un día se atrevió a publicarlos, a duras penas, en la prensa regional, para mi desgracia.

Pero veamos el porqué: confieso sinceramente —en un país donde la sinceridad está destinada a fracasar— que yo me puse a escribir en la prensa para llegar a ser importante e influyente dentro de la sociedad . Yo ingenuo como siempre.

Una vez que ya había publicado varios artículos, esperé la crítica con aires de grandeza, como el que ha hecho una hazaña extraordinaria; y lo mejor que me dijeron - imagínense lo demás- fue lo que me dijo un señor amigo: "Malaver, tú si escribes pendejadas". Ante esto deduzco rápidamente que uno escribe en Margarita para desprestigiarse totalmente, y más aún en mi caso, pues los economistas estamos tan desprestigiados, que aún no hemos podido tomar una medida milagrosa que saque al país de la telaraña de la crisis que lo atrapa.

Pero es que si a ver vamos, podemos decir que escribir en Margarita, más que en otra parte, es una proeza, propia de vagos y ociosos; porque esto es otra cosa: aquí, más que en otro lado, se cree que un escritor es un tipo sumamente extraño, porque utiliza lentecitos de intelectuales(sin alusión personal, Luis Malaver), que usa barbas (no es contigo el asunto, Pedro Salima) y de paso le fascina beber aguardiente(por favor no piensen en Augusto Hernández); y no conforme con eso, lo tildan de loco, pues se necesita ser orate para estar leyendo y escribiendo tonterías, que a veces nadie entiende y ni siquiera le paran. Por tal motivo es totalmente irrespetado, o sea que aparte del gran desprestigio que uno se gana, tampoco obtiene el debido respeto de los lectores. Por eso podemos parodiar un cuento, y decir que si aquí en Margarita se ponen a recoger mil bolívares para enterrar un escritor, no faltará quien diga: "Tomen cinco mil bolívares y entierren cinco bichos de esos".

Pero vuelvo al principio y me voy de cuento: les puedo indicar que yo empecé escribiendo artículos económicos, para dármela de sabio; pero casi nadie leía éstos, y los que lo hacían, no entendían absolutamente nada, y de verdad que hoy yo entiendo esos lectores, porque ahora ni yo mismo comprendo lo siguiente: "Cuando las variables macroeconómicas entran en juego y no concuerdan con el modelo econométrico adecuado, producen no solo depresión, sino que se desata un fenómeno conocido en los últimos tiempos como estanflación, que hace que caigan en contradicción las teorías de Smith y de Ricardo".

En vista de estos enredos económicos, y en donde previne que si seguía así no iba a tener ni siquiera un lector preparado en la materia, opté por escribir artículos frescos, sin sesudos análisis económicos; mi idea ahora era entretener, y por tanto empecé a escribir brevemente y aderezando mis artículos con anécdotas o hechos curiosos; por ejemplo, si por casualidad hablaba de macroeconomía, decía que el expresidente Carlos Andrés Pérez entendía por macroeconomía el conjunto de todas aquellas personas que iban a comprar en el centro comercial Macro; es decir, sufrían de macroeconomía. Igualmente si hablaba del maestro Prieto, relataba la anécdota cuando el hijo ilustre de La Asunción iba en un avión acompañado con un cura, y de repente el avión empezó a moverse bruscamente, y el maestro comenzó a implorar a la Virgen del Valle que los salvara, a lo que el cura le dijo: "Me extraña maestro Prieto que usted esté implorando a la Virgen del Valle, porque usted es ateo", y Prieto contestó: "Yo soy ateo en la tierra, padre; pero no en el aire ". Así mismo cuando hablaba del SIDA, yo relataba el cuento del tipo que no sabía si la Viagra se untaba, se tragaba o se chupaba, y optó por esto último y aún tiene la lengua parada".

Y a qué no adivinan lo que me gané con esto. Que el mismo señor que antes me dijo que escribía pendejadas, me dijera: "Malaver, ahora si estás bien bonito, pues no conforme con escribir pendejadas, ahora pretendes ser un payaso de circo con esos cuentos que estás metiendo en tus artículos".

Es decir que por donde me metiera, en vez de ganarme importancia y ser una persona influyente, me ganaba más desprestigio e irrespeto.

Pero lo más triste de todo esto es que después que uno se ha leído un montón de libros, periódicos y revistas, e implora la musa para formarse una idea, y luego escribir un artículo que a nuestra manera de ver las cosas está perfecto, viene lo peor, pues el editor del periódico pretende que uno le jale mecate para que se lo publiquen, cuando en realidad debiera ser lo contrario, y de paso pagarle su trabajo; pues no, el artículo si lo publican, quieren más bien que uno le pague al periódico y de paso venderle el diario. Por tal motivo aquí se cumple estrictamente eso de que "el que escribe para comer ni come ni escribe". Por eso el escritor muere limpio, loco y alcohólico para olvidar sus penas. Y lo más grave aún, sin ninguna importancia dentro de la sociedad, tanto es así que cuando se muere, ni el periódico donde solía publicar sus artículos pone un aviso invitando al sepelio. Pero que no se muera un político que ha desangrado al país, para que vean ustedes el gran despliegue periodístico.

Por todo esto, reitero mis conclusiones: en Margarita se escribe para uno desprestigiarse y perder respeto, porque nadie le para pelota. Pero como yo estoy desprestigiado como economista y ahora como funcionario aduanero, voy a seguir desprestigiándome hasta caer en el subsuelo, o sea voy a tratar de seguir escribiendo cuando me entren las ganas.


Egmidio Malaver G. Aunque es margariteño se porfió en nacer en Anaco, estado Anzoátegui. Con el título de economista anda empeñado en dejarnos sus artículos y crónicas.


Contenido / ¿Quiénes somos? / Ensayo - Opinión: Editorial Una cultura para defender "el alma de la nación" / Asdrúbal Marcano acepta ser un neoexpresionista / 30 cuerdas de historia neoespartana El poder de la tradición literariaAtar sin nudos los Somaris de Gustavo Pereira / El ron "Chelías" factoría de Altagracia, ya desaparecida / De cómo la escritura me desprestigió / Juan Salazar Meneses entre la metáfora y las cenizas la ausencia / Un adiós a Jesús Rosas Marcano. Hablando de ti poeta / Reseña de Libros  / Cuentos / Poemas