Atar sin nudos los Somaris

de Gustavo Pereira

Una lectura de Magaly Salazar Sanabria

 

Dejar que la mirada caiga sobre un Somari de Gustavo Pereira permite que los sonidos de la escritura armonicen con las complicidades del ojo a partir de resonancias profundas del espíritu. También significa que las razones y sinrazones de la vida se puedan atar sin nudos, una expresión poética que sustenta un aforismo breve en palabras pero largo y antiguo en la sabiduría. La luz interior que deviene de los somaris y la seducción de la propuesta poética expresada desde la escasez de las frases, establecen con el lector un compromiso sin lazos, una erótica del texto como sostedrían Susang Sontang en 1967 y María Fernanda Palacios en 1986. Esta sería, sin duda una expresión occidental de "atar sin nudos".

Los conceptos de texto, signo, lectura, diseminación del sentido, etc, deben ser pensados en todos sus alcances y encarada la crítica que representa la conjunción del idealismo y del sociologismo. Lo importante es estar claros y cerca del intuicionismo y ciencia del texto: Kristeva y Derrida con Octavio Paz y Guillermo Sucre, al mismo nivel de la escritura crítica. Sabe a vino con solera pero es la manera menos contaminante y más amorosa de beberse un poema, aunque uno no sepa quiénes son esos señores y lo haga con inocencia: "no sabiendo nada, toda ciencia transcendiendo". Porque "la palabra es sólo el aposento o la posada del sentido, su albergue transitorio y virtual, en ella radica el sabor y saber de la lengua", dice la escritora venezolana, María Fernanda Palacios.

Como resultado de los estudios de la poesía y filosofía oriental, asumida por Pereira, sus somaris se acogen al principio del yin y el yang, pero no como una réplica de culturas distintas a la nuestra, sino como un proceso de reflexión de la existencia y de la palabra en sí, por eso sentimos en esta poesía un espíritu de autenticidad. Yin y Yang son dos símblos que representan los aspectos opuestos y alternantes de los contrastes del Universo: vida-muerte, actividad-reposo, positividad-negatividad, luz-sombra, masculinidad-feminidad. El signo gráfico que los representa expresa en cada uno la presencia del otro. Un aspecto yin y un aspecto yang conforman el Tao. Tao es el principio regulador de esa alternabilidad y de sus cambios.

En muchos somaris de Sumario de Somaris, Tiempos oscuros, tiempos de sol, La fiesta sigue, Vivir contra morir, Oficio de partir y otros, se observa una decantada sabiduría en la cual las dualidades del mundo anotadas anteriormente buscan afanosamente una unidad de la manera desgarrada, irónica, amorosa, sentenciosa, solidaria, humilde, bondadosa, jamás odio; siempre en su verdad, así no sentimos en esa poesía poses esteticistas, ni fórmulas prestadas de algún "ismo". Entonces, " resonancia armoniza sonido".

¿Dónde está la vida sino en el arte de "atar sin nudos" como el Tao, como el sabio? Y es el gesto de amor, la voluntad de amor la que junta sin enlazar esas pequeñas pero hermosas joyas del idioma castellano. Por los blancos silencios que dejan las letras entre sí se abrazan el agua y la rosa y es un acto de unificación de los acuerdos y los desacuerdos del Universo: Y dice en "Rosa del agua"

"Dime rosa del agua cuánto banco te queda

Cuánto blanco te queda en el hueso cuánto en el alma dime qué nube

te da rocío rosa del agua dime qué vuela entre ti

Rosa del agua dime qué barcos te crearon"

La sutileza y la ternura de los versos anteriores marcan una distancia entre la poesía de Pereira de los años 60 y la de los somaris. Aunque también hay rebeldía, soledad y decepción en esta última etapa de su crecimiento poético, el lenguaje se afianza en la potencialidad de las palabras y de las ideas de una dualidad existencial que él trata de resolver a través del poema.

En Tiempos oscuros, tiempos de sol, el somari "Sigo los cursos invisibles de tus pies en la arena", dice:

"Tengo sed de ti. Lo saben hasta las piedras

Te llamo con voz que sólo oyen los rincones silenciosos

Pido a gritos tu cuerpo que se aparece como

un deseo alimentado en la soledad

Se apuran las horas de la tarde sobre mi pobre techo

Sigo los cursos invisibles de tus pies

en la arena barrida

y entro en la casa

cabizbajo pensativo..."

Esta es la soledad ontológica, la del desamparo. El hombre desea con sed a su amada a través de los "cursos invisibles de tus pies" y él la busca entre piedras y la arena barrida pero ella no aparece, ese grito de amor se va solo a la casa ejerciendo su cotidiano oficio de partir. en cada somari se concentra una inquietud fundamental de la existencia humana que Pereira trata de redimir.

Cada somari, denominación imaginaria y bautizada por el autor, es una elíptica y lírica convocatoria de reflexión, poesía, sabiduría, ironía y belleza, en la cual se dan cita los diferentes temas existenciales del hombre y que nos recuerda, en los momentos más estelares de su brevedad, a los haikú japoneses como los del poeta Basho. La fuerza de los verbos y de los sustantivos sostienen con base sólida estas breves lecciones del oficio de escribir. La mirada va a la búsqueda de los enigmas, al descubrimiento del misterio del poema, de su propia ciencia y sus alcances. Los adjetivos son innecesarios porque no añadirían nada. El artista no requiere de imágenes y de metáforas efectistas. El sustantivo se defiende en soledad con el verbo pero están apuntalados por un manejo estético de la palabra y por la verdad del poeta que le da un carácter de autenticidad a la obra. Lo que dice Pereira es muy importante, pero más trascendente es la manera de decirlo, su manera de ver la dualidad y la posibilidad de reunirla y hacer de lo múltiple, la unidad, de atar sin nudos los fragmentos opuestos y alterantes del Universo. "Entre el sí y el no ¿cuánta es la diferencia?"

Cito el "Somari del corazón alado":

"Abro el corazón para que vuele como ibis

lo cierro para que sea puño de la noche

Carbonizado trozo de impotencia

A veces cruza la ciudad donde habito

Este pájaro gastado de volar

pasa la orilla del mar el puerto

las azoteas de los hoteles

Amarra su latigazo en mi pecho

y resuelve que todo es una estúpida salida un

[miserable agujero

un círculo de tiza que el tiempo los vientos

[y las arañas han

convertido en pálida víscera"

Abrir y cerrar las compuertas del corazón para que alguna vez el deseo sea un pájaro pero también puño de la noche. Desgaste de los tiempos oscuros y los tiempos de sol, que convierten al corazón, no en un músculo soñador de aventuras sino en un "miserable agujero", en una "pálida víscera". También, cargados de una gran ironía son los somaris que anotamos a continuación: "El que mucho abarca poco aprieta/ (debe ser por eso que todo el mundo anda con los puños cerrados)", "La amistad es una cosa y el negocio otra./Con razón el comercio crece a diario", "Si los perros supieran de finanzas/ los gatos quebrarían", "La mano del pobre es más explícita/ que todos los discursos", "Si se suma o se resta/ qué más da/ la vida es una caja china/ y la tristeza fundamento inútil/ que ata a unos y a otros con la nada"

A veces, la desazón, la nostalgia y la desmemoria, hacen que el poeta escriba: "Somari de la nostalgia y el olvido"

"Toda nostalgia es como la ceniza

Queda en el fondo y luego se termina

El olvido es en cambio inescrutable

Nunca se sabe sí es de muerte o qué."

El Somari de la desmemoria se convierte es un aforismo, una sentencia que contrapone la ceniza y la muerte, el sedimento y la nada.

Y para hacer del punto un final, robo las palabras del poeta para abordar lo que termina. Esta poesía, tan de la vida, "No es cuestión de tristezas. Es la más escalada del alma hasta el hueso. Es cuestión de vivir contra morir".


Magali Salazar Sanabria, Poetisa, Licenciada en Letras, con Maestría en Literatura Hispanoamericana.


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