El ron "Chelias" factoría de Altagracia, ya desaparecida

Esther Quijada de González

Los hijos de Altagracia se han caracterizado a través del tiempo por su laboriosidad. Ellos se hicieron pescadores, fabricantes de barcos, contrabandistas, navegantes hacia las rutas orinoqueñas y comerciantes en general; y, no sé si por el sabor del producto para refrescar la vida y poner alegría en el pueblo, o simplemente para acabar con la monotonía de esa época, se dieron también a la tarea de instalar alambiques, y según datos estadísticos del estado Nueva Esparta para el año 1876, el Departamento Sucre contaba con 4 destilerías.

Una de esas empresas fue establecida por Marcos González, nativo del lugar. Llevaba uno de los apellidos más antiguos de la localidad, correspondiente a Tome González, mayordomo del hato de ganado existente allí en 1654, y como corría en la sangre de Marcos González el ser comerciante, vendió la destilería en el año 1888 a unos representantes del comercio de la isla de Trinidad, quienes en 1894 la dieron en venta a la familia Alfonzo Rojas. El último que la regentó desde el año 1922 fue el señor José Elías Alfonzo, cariñosamente Chelías Alfonso. En sus etiquetas lució siempre que fue fundada en 1900, pero era más antigua. Lo cierto es que el producto allí elaborado fue digno del paladeo de los buenos catadores, como bien lo señala una nota aparecida en El gracioso de Juan Griego en 1905.

En sus comienzos fue una empresa netamente local, la caña para fabricar el papelón era cultivada en terrenos de Altagracia y en El Tamoco. No había agua del Turimiquire ni de Clavellinos, sino que se utilizaba el agua del pozo de ña Paulina para la elaboración del producto, según dijo en verso el poeta Jesús Adrián, fallecido recientemente ...y también hay que mentar/ el pozo de ña Paulina/ donde Ud. no se imagina/ que con el agua se hacía / el aguardiente "Chelía"/ de sabrosura muy fina/. Con respecto al personal que laboró en esta empresa, nos dice el poeta en sus versos: Quiero nombrar dignamente/ a Mauricio y Andrés Rasse/ que destacaron su clase/ destilando ese aguardiente/. También lo fue últimamente/ Ramón Fuentes, que selló,/ el ciclo que comenzó/ antes de mil novecientos,/ sépanlo en estos momentos/ cuando todo se acabó/. Y hoy conocemos que Ramón Fuentes, citado por el poeta, y quien contribuyó con su esfuerzo al florecimiento de esta empresa, es abuelo de la amiga Clorinda Fuentes, esposa del escritor amigo Pedro Salima.

Esta fábrica influyó en la economía del pueblo de Altagracia, por ser una fuente de trabajo, y colaboró con el deporte, pues hubo un equipo de béisbol con el nombre de "Ron Altagracia" donde se formaron varios deportistas de ese tiempo; pero también allí aprenderían a empinar el codo muchos pobladores del lugar, a quienes conocimos en estos "dulces gozos", y como no había distracciones, después de cumplir nuestras tareas nos recreábamos cuando pequeñas en la observación del zigzaguear de los cuerpos de mi abuelo Jacinto Quijada, Tino Choca, Esteban el Ñeco y Jacinto Gómez entre otros. Cuando recorrían los caminos del pueblo parecían que estaban danzando al compás de una música lejana. Decían también en el lugar que el ron Chelías servía para calmar la tos, y por eso a la bodega de mi padre Ramón Quijada Salazar muchas personas llevaban botellas preparadas con ramas curativas para adquirirlo. Después supe que era también una manera de echarse su traguito.

José Elías Alfonzo Rojas, un hombre trabajador y emprendedor, transformó la empresa anterior en una industria floreciente. Estableció una nueva planta en 1947, en un edificio más apropiado, que llevó modernidad al pueblo y amplió su distribución hacia otras ciudades del país: Maiquetía, La Guaira, Tucupita, Pedernales y Puerto La Cruz entre otros, y según reseñó la prensa de la época: Los aparatos que allí se disponen son modernísimos, y el procedimiento que se observa para la elaboración del producto se lleva a cabo mediante técnica insuperable.

Una factoría con el nombre de "Ron Altagracia" pero a la que cariñosamente se le llamó "Ron Chelías", en honor a su productor. Estuvo en funcionamiento hasta la década del 50 y quedó la edificación y una serie de notas impresas como evidencia de un pasado para la historia menor del pueblo.


Esther Quijada de González (Altagracia, 1935), Cronista de Altagracia. Presidenta de la Asociación de Cronistas de NE


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