Coche

no es una isla

Frank Armas

De no ser porque el Puente a Margarita es una especie de cuento del Gallo Pelón, uno se atrevería a afirmar que Coche es una especie de península de la Isla de Margarita, unida a tierra poco firme, gracias a dos muelles de madera y una hora a bordo de un "tapaíto".

Para algunos pesimistas, que también abundan por estos lados de oriente, esta isla, si es que pertenece a esa clasificación geográfica, es un chinchorreo de estribor a babor en estos singulares barcos que producen mareos y devoluciones involuntarias e inesperadas, un rato después de que el Capitán Jesús Esteban toca un timbre que sólo él oye, con una orden implícita que sólo él cumple, como lo es la de dejar atrás un muelle de madera. Una prueba con que cuentan los incrédulos y orates que aún piensan que Coche es una isla.

Por ahora, se repite una salada letanía. Coche es un "tapaíto" poblado de lutos y medios lutos, de flores de difuntos que navegan hacia salitrosas tumbas de recuerdos oxidados. Cabezas al descubierto y cabezas con gorras para diferenciarse de los que no la usan, gallinas y patos que disfrutan de su última travesía antes de cumplir la pena capital de un sancocho en El Bichar. Improvisados navegantes del intelecto que matan el mareo a fuerza de distracción llenando crucigramas, dameros y sopas de letras.

Al final de la pluma de agua, otro puente de madera que completa el imaginario viaje para descubrir que Coche no es ni península, ni isla, sino una gran barbería anunciada por un gigantesco letrero que dibujó en un cerro, como si se tratase del tatuaje impreso por un dormido e ignorado volcán, algún arregla pelos y técnico en la aplicación del alisador "La Trigueña" con un peine de aluminio.

Pero Coche no es una isla, ni una península, ni mucho menos una barbería. Es una inmensa cancha deportiva, donde la acuarela del nylon, dibuja con virtuosa improvisación, paisajes en movimiento de hombres solitarios montados en tablas que desafían al mismísimo Jesús cuando caminaba sobre las aguas.

Errados. Coche no es ni una isla, ni una península, ni una barbería, ni mucho menos una cancha para el windsurf. Coche es un paraíso arqueológico de la desidia del cemento y el concreto, de los faraones de los tiempos modernos venezolanos que enterraron elefantes de corrupción y borradores de promesas.

Incluso hay niños de natural y mágica irracionalidad que afirman que Coche es una gran fábrica de gelatina, producto que según sus irrefutables teorías se elabora con la interminable hilera de aguas malas que llegan a descansar en las playas, luego de cumplir su misión de adornar las profundidades del mar.

Pelados. Coche no es una isla, una península, una barbería, una cancha de windsurf, un paraíso de la corrupción arqueológica, ni fábrica de gelatina. Es una sabrosa mesa, la única en el mundo donde se puede descubrir a qué sabe una crema de cangrejos y para qué realmente sirven la mantequilla, el ajo y el perejil, cuando se le agregan a la vieiras.

Despistados. Coche no es isla, península, barbería, cancha de surf, museo de la corrupción, fábrica de gelatina ni mesa de comer. Según la Historia Constitucional de Venezuela, el librito amarillo de 1878, es apenas un pueblo de los otros tantos que conformaban el estado Nueva Esparta. Eso sí, un poblado de estirpe real, con Concejo Municipal como ahora, lo que le da cierta razón a los que siguen pensando que Coche no es una isla, sino más bien un terruño portátil como Trujillo, que fue separada de Margarita por obra y gracia de algún gobierno; luego vuelta a pegar como manualidad de cartulina y goma escolar, sin mover un dedo ni echar una gota de cemento, por decreto del Cabito Castro, quien con tamaña obra debe haberse ganado su vals.

Y quien dijo que los nacidos en Coche son cocheros o cochenses, cuando en realidad el que nace en esta isla península barbería cancha de windsurf museo arqueológico restaurante fábrica de gelatina pueblo portátil, es perfectamente caraqueño, si se toma en cuenta que en los tiempos de Castro Margarita y Coche formaban parte del oriente del Distrito Federal , de acuerdo a algunas lenguas chismosas de la historia.

¡Mire qué vaina! Para los publicistas y expertos en turismo, dueños y señores de la patente de corso de fabricar promesas para vender un destino, "Coche es una isla situada al sur de Margarita, con una extensión de 62 kilómetros, de escasa vegetación, cuyos habitantes viven exclusivamente de la pesca. Está lejos del desarrollo comercial de Margarita. Sin embargo, debido al encanto de sus playas, de excepcional belleza, y unos vientos magníficos para practicar el windsurf, se están produciendo cambios considerables en el aspecto turístico con la reciente construcción de confortables hoteles con todos los servicios. San Pedro de Coche es el pueblo más importante por ser su capital. El Guamache, El Bichar, La Uva y Güinima son pequeños caseríos que conforman la geografía de esta isla."

Tampoco eso. Coche, y en eso coinciden los que defienden las innumerables tesis sobre su morfología y descripción, es simplemente un lugar divertido. Y a juicio de personas muy serias, esto se debe a que en este sitio, la gente, además de trabajar de sol a sol contra el viento y el mar para sacar los peces del agua, celebra la faena con unas diversiones en las cuales convierten en alambre y cartón, carites, tiburones, pájaros, lisas, burros y vacas. Les inoculan vida y humor, como si cada uno de los cochenses o cocheros fueran dioses, o hijos del mismísimo, cada vez que nace un 24 de diciembre y se esconde por la aversión que le profesa a la llegada del Carnaval.

Isla, península, barbería, cancha de windsurf, museo arqueológico, restaurante, fábrica de gelatina, pueblo portátil, objeto de publicistas y turistólogos. ¡No!. Es un libro primario, según el cual "Coche fue descubierta por Cristóbal Colón, el 15 de agosto de 1498. Dice la leyenda que los pobladores de la isla llamados yaguanes rodearon con sus piraguas las naves del Almirante y regalaron a éste sartas de brillantes perlas". Y qué imaginación, los indígenas que habitaban Coche pensaban simplemente que el sitio que les permitía hacer chozas, pescar y vivir, no era más que un venado, con todo y sal para conservar su carne.

Para mí, que he estado en Coche, que he mareado en tapaíto, que he descubierto que el puente que pasará por Coche es el mismísimo cacho del Gallo Pelón, seguro como estoy de que es una especie de península de la Isla de Margarita unida a tierra poco firme gracias a dos muelles de madera y una hora de navegación, con chinchorreo, lutos, mediolutos, capitanes que se mandan a ellos mismos porque no tienen a quien mandar, gallinas y patos rumbo a sus última fiesta en San Pedro o El Bichar, un salón de juegos para resolver crucigramas, cementerios de elefantes blancos, centro de diversiones , deportes o ¡qué se yo!. ¡Definitivamente no!. Coche es un inmenso lienzo que hace millones de años descubrió un furioso tritón que quiso calmar su rabia y escogió la pintura porque no existía el Prozac Así que tomó su tridente, lo envolvió en algas y se dedicó a crear una inmensa acuarela. Comenzó a pintar por los extremos con algunas pinceladas de verde, pero se le agotó la pintura. Desesperado arrojó las algas al mar. Recuperó la rabia. Se pinchó las venas con el tridente y se dispuso a terminar su obra con dolorosos matices rojos que desde entonces hacen que Coche no sea nada de lo que dicen los incrédulos y orates, sino un encendido lienzo rojo, con mezquinas pinceladas verdes. De eso, sí que estoy seguro.

 

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