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Ludovico Silva

Cuando los labios y la piel recuerdan

Irma Silva Michelena

".... Cuando los labios y la piel recuerdan, y se sienten las manos como si tocaran de nuevo..."

C. Cavafi

 

Ludovico Silva nació en Caracas el 16 de febrero de 1937. Comenzó su carrera literaria desde muy joven, hacia los 15 años de edad, publicando en algunos diarios y revistas cuentos y poemas, caracterizados por una marcada influencia de la literatura española clásica y moderna.

Influencia que nunca se ha extinguido en su obra posterior. Después de graduarse de bachiller con los jesuitas de su ciudad natal, emprendió un largo viaje por Europa (1954). En España, donde residió varios años, realizó estudios de filosofía y letras en Madrid compartiendo sus "noches de vino tinto" de bohemia matritense con los jóvenes poetas españoles (Sahún Maguerza, Rojo, Muglisa, etc). Dos recitales de poesía: uno en el Ateneo de Madrid y otros en la casa de la Tertulia Hispanoamericana son su carta de presentación ante los medios literarios madrileños. En París asiste a cursos sobre literatura francesa y en Friburgo de Brisgovia, estudia filología románica con Hugo Friedrich. A su regreso de Europa (1961) se dedica al periodismo literario y la poesía. De aquellos tiempos data su celebrada columna "Ludovico a pie" en el diario Clarín. Más tarde comienza sus estudios de filosofía en la Universidad Central de Venezuela, donde se gradúa con mención Summa cum laude (1971).

Poeta con vasto conocimiento de las literaturas clásicas y modernas, filósofo siempre atento a los problemas fundamentales de la sociedad y el individuo, Ludovico Silva nos deja una obra extensa y profunda de nuestros pueblos. De su poesía puede decirse que en lo temático es de carácter filosófico-existencial, y en lo formal a medio camino entre los esquemas tradicionales y la ruptura con los mismos. Su labor como ensayista filosófico social comienza con la aparición de su libro La plusvalía ideológica (1970). Su investigación se centra en el estudio de la obra de los fundadores del marxismo, en particular en lo referente a los problemas de la ideología, la alienación y el método científico. Su tendencia teórica puede calificarse de "heterodoxa" en el sentido de que procede según la mayor libertad crítica, y su escritura une el rigor a la sencillez, siempre necesaria cuando se quiere llegar a un gran público.

Sus escritos han sido calificados de "polémicos" por la crítica, al pretender incorporar el análisis marxista, de una gran manera original y renovadora, al estudio de nuestros específicos problemas latinoamericanos.

Por otra parte nos deja también uno de los cuerpos críticos más lúcidos que sobre las nuevas poéticas se haya escrito.

Algunas de sus obras traducidas a otros idiomas (italiano, yugoslavo, alemán, inglés) han sido ya incluidas como libro de texto en el pensum de las universidades. A su labor como escritor, se unen una larga labor docente en la U. C. V., su permanente contribución al periodismo cultural (principalmente en sus columnas "Belvedere" y "Letra y pólvora"), y una gran capacidad movilizadora como conferencista dentro y fuera del país. Fue creador y director de la revista Papeles (Ateneo de Caracas), de la revista Lamigal y colaborador asiduo de la Radio Nacional en su espacio "La Palabra Libre", Ludovico dedicó en vida todos sus libros a Beatriz, su fiel y abnegada compañera, así como muchos poemas. En "Piedras y campanas" (1976), le dice a Beatriz...

Estoy otra vez en mi certidumbre

de animal condenado

Beatriz, pásame el whisky,

tráeme la ginebra pura,

Mátame de una vez

Con mi propia daga,

anda chica,

vamos a escribir otra vez

in vino veritas

La muerte lo sorprendió a los 52 años en Caracas, el 8 de diciembre de 1988, cuando trabajaba en su nuevo libro Teoría poética en la cultura occidental . Su obra consta de 28 libros publicados al momento de su muerte, 19 ensayos y 7 de poesía; posteriormente se han publicado 4 ensayos y 2 de poesía que el escritor dejó ya listos.

 

Irma Silva Michelena (Caracas, 1932). Secretaria General de la Fundación Ludovico Silva.

En mis sienes hay una tropa de elefantes

de mármoles pentélicos los elefantes

muertos

definitivamente muertos

muertos

muertos

hasta que ya no me quede de ellos más

que la muerte misma

como un colmillo blanco

entre piedras y estatuas.

Vienen del más allá,

bestias que quieren pisotearme

como un gigante pisotea una flor

de Lys.

Ellos surgen como cañones de mi entraña

son las criaturas de mi sangre

son mi raza y espíritu

Y están en mis ventrículos,

allí donde el bacilo se enamoró de mí

como rata de azufre.

Sólo podré arrancármelas

cuando de mi espíritu

salga volando un ave de cuarzo

hacia tu espíritu que es el mío

las ratas están sedientas

hermano

de mi vida

la quieren

DEVORAR

Pero hemos de vivir en estas tierras

en medio de los árboles y las piedras

[del mundo

tierra hecha para nosotros

(Fragmento del poemario Crucifixión del vino)

 

 

BARCAROLA

Señor, tus muertos te llaman,

te llaman a la deriva.

Todos ellos por ti claman

y quieren tu vida viva.

Señor, ya también los míos

me están llamando a deshora

pues no es hora que mis ríos

estén llegando a su hora.

Es hora de vivir más

hora de vivir de vida

no de muerto. Lo demás

es cosa de sobrevida.

Si nacimos en un arca

cantando una barcarola

es hora de que la barca

siga venciendo a la ola.

No nos dejemos morir.

¡Aún tenemos que pelear!

Aún tenemos que vivir

sobre las aguas del mar.

La vida nos llama a veces

con voces desaforadas,

con veces y con reveses

con voces desesperadas.

Duro es vivir, tú lo sabes,

Son difíciles las puertas,

algunas no tienen llaves,

las otras están ya muertas.

¡Vaya, qué casa más seria!

Señor, y por lo demás,

sálvame de esta miseria

y ayúdame a vivir más..

 

POEMA QUE NO TODOS PUEDEN LEER

Tú, cuando te desnudas, te pareces a un pino

por la esbeltez exacta y el aroma divino

Te conviertes entonces en mi propia experiencia,

te llenas de una hermosa, antigua y noble ciencia.

Por tu ombligo pasean mis manos desmayadas

como dos gritos solos,. Blancas manos callada,

que hieren la tibieza de tu cuerpo sabroso,

dulce como praderas, silente y memorioso.

Estas manos te hurgan, te descubren delicias

semejantes al mar. Breves, fijas caricias

Con las que quiero hollarte, como si tierra fueras

por la que pasa un río sediento de praderas.

Y por tu pecho andan dos alas excelentes

en las que yo adivino todo lo que tú sientes.

Altos y soberanos, tus pechos son mi vida

que es alta y soberana torre herida.

Hieren tus piernas suaves y locas y extremadas;

después son dulces aves que, junto a mi, cansadas,

duermen ese momento feliz, después del coito

cuando ha finalizado la noche del introito.

Las noches son sagradas. Pero también el día.

Hay ángeles, demonios, dioses del mediodía.

Te veo, en fin desnuda, como una gran memoria

que no tiene pasado, ni presente, ni historia

Y es el perfecto instante

en que todo lo amado se convierte en amante

(Del poemario In vino veritas)

 

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