La Asunción de siempre

 

Luis Marcano Boadas

Alonso Suárez del Castillo recurrió a la misma estratagema que aplicó Domingo de La Peña en Cubagua. Tengo la certeza de que lo aprendieron de las ordenanzas y tratados de Derecho dominantes para la época y basados en las experiencias de La Española. La necesidad de elevar a La Asunción a la categoría de ciudad no implicaba la sola circunstancia de superar el estadio de Villa y pasar a contar con un escudo de Armas.

La villa de La Asunción pasó por el trance semejante del que piensa en disfrutar un diciembre sin apuros económicos y desde el mes de julio toma la previsión de engordar cuatro cochinos para venderlos oportunamente, o del dueño de una vivienda que la tiene descuidada y decide arreglarla para venderla a un precio ajustado al mercado.

Lo de las murallas como requisitos y otros tantos elementos que justificaban el título, escondían el pretendido interés de eliminar a futuro cualquier pleito generado por la intervención de quien poseyera esa misma categoría, y remotamente abrigara solicitar el territorio para administrarlo. Además el título representaba el derecho a gobernar en una forma cuasi particular, a un territorio que tenían otros poblados en formación y que en cualquier momento pudieran revelar las ambiciones extraterritoriales.

Fue así como desde el plano meramente gubernamental la Villa de Santa Lucía se situó por encima de San Pedro Mártir, El Espíritu Santo, San Juan Bautista y demás poblados en formación, que representan la referencia político geográfica de lo que en la actualidad es el estado Nueva Esparta.

Desde el año 1600, salvo los vaivenes de la Guerra de Independencia y las modificaciones experimentadas a las Constituciones, donde el gobierno de Nueva Esparta se supedita a otras entidades del país, La Asunción ha sido por siempre la eterna capital funcional, que primariamente para satisfacer su responsabilidad de coordinar la importación y exportación de mercancías, se sirvió por mandato del Puerto Oficial de Pampatar.

Reafirmando su preponderancia, a La Asunción hay que venir para comprar el mejor pan que se elabora en la isla de Margarita y que guarda los llamados secretos de su elaboración, superando a San Juan Bautista, donde tenemos la presunción que fue allí donde nació la panadería margariteña.

Hasta la década de los 60, La Asunción fue el centro educacional por excelencia para los demás habitantes de Margarita con intenciones de convertirse en bachilleres. Hoy la educación se ha extendido, pero aún así, los problemas educacionales se tratan en la capital, con la Zona Educativa y la Dirección de Educación.

Los problemas y consideraciones de la Colonia, y los que posteriormente se suscitaron al forjarse la identidad de República, se ventilaron, con sus excepciones, en los tribunales asuntinos. La figura del gobernador se añejó para siempre en La Asunción, variando solamente la forma y las edificaciones que han servido para ese asiento.

Con más de 430 años de existencia, una verdad del tamaño de su territorio nos obliga a redimensionar sus espacios para asegurar en esta convulsionada globalización, su futuro, porque los nuevos tiempos obligan a un cambio ajustado a la realidad conceptual más allá de nuestras raíces. El patrimonio debe perder la careta del adormilamiento y colocarse la correspondiente a la producción.


Luis Marcano Boadas (La Asunción, 1954), periodista y escritor. Es el Cronista Oficial de La Asunción.


 

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