Francisco Gutiérrez,

el poeta "Panchón"

 

Francisco N. Castillo

Marino, pescador artesanal, descendiente de guaiqueríes, nacido el 10 de octubre de 1922. Francisco Gutiérrez una mañana cuelga los hilos de una brisa suave, cuelga la atarraya y en la "Telemina", vistosa goleta de los Ávila, se traslada a Puerto Cabello en busca de nuevos horizontes.

Y si cambiar de costa era probar fortuna, ahí estaba el mar a pocos metros del muelle, más hondo, más lejanos los azules; pensaba que era pescador y algo tenía que hacer para no dejarse morir de hambre y recurre nuevamente a su antiguo oficio, esta vez bajo las órdenes de un pescador de altura que no le da tregua al cardumen para arrancarle frutos y llevarlos a vender a Aruba y Curazao.

El mismo lo anota en una de sus crónicas titulada El pescador, pubicada en el diario "El Nacional" el 15 de septiembre de 1962, "el último trabajo a elegir de un margariteño, es la de alquilarse el primer chinchorrero que se le presente"

Y en sus ratos libres, como para encontrarse espiritualmente con la tierra lejana, tararea el coro de una de las diversiones de Corina:

"Allá viene la pirgua

donde vienen los punderos,

como el tiempo está tan malo

se meten a chinchorreros".

Como todo buen margariteño le ataría el mar y cómo le hubiera gustado haber sido uno de aquellos bravos buzos de El Poblado que en 1933 fueron a pescar al Mar Rojo, proeza que recuerda en otra de sus crónicas: Fueron alquilados y vendidos. Más tarde se le ve como marino cruzando el Canal de Suez en un tanquero petrolero durante la Segunda Guerra Mundial.

En Maracaibo, al lado de Manuel Taborda y los Hermanos García, margariteños, se afilia al Partido Comunista. Allí se convierte en dirigente obrero y empieza a darse a conocer como periodista y poeta.

Efraín Subero, en su Poesía Margariteña, en el espacio dedicado a los poetas porlmarenses, poco o nada dice de su poesía. Se limita a hablar del periodista, su paso por los diarios El Nacinal, El Universal, La Esfera, Últimas Noticias y La Calle, de este último fue co-fundador. Jamás llegamos a soñar, cuando éramos muchachos por los predios de La Cruz Grande, que al correr del tiempo íbamos a ser corresponsales de uno de los diarios más importantes del país, El Nacional, él en Punto Fijo y yo en la ciudad de Cumaná.

La última vez que lo vi fue en la plaza de la Basílica San Nicolás de Bari, donde participó en un reconocimiento que me hizo el Concejo Municipal, presidido entonces por el Lic. Jaime Herrera. Murió en Caracas el 6 de febrero de 1991. Entre sus libros publicados, El mar de oscuro fondo, lo coloca al lado de los principales poetas venezolanos.

Poemas de Panchón

 

Playas

Qué suave claro día ahonda la tristeza

del alma y alarga las sombras de estas playas.

Qué inmerecida el agua que bebemos

en la plenitud del verano cuando el venado

hunde sus cascos sobre la piedra antigua

y extiende su pelambre huyendo de la bestia.

Qué desamparo en medio de la noche me cobija

y eleva un cerco de clamores en la hora

del sueño cuando escarbo la arena de estas playas

buscando la ancestral huella

de los que cayeron rindiendo la jornada roja

de mi sangre.

Mariposa nocturna

Gira

Revoletea sobre el azul del humo

las alas sin cesar abanican el vaho

de licores ardientes

la luz traspasa el cortinaje opaco.

Transcurren las horas

la medianoche. Y continúa girando

como danza inconclusa

Sus alas no se plegan

al cono de la noche

Finos hilos de encaje avivan las miradas

que la asedian...

Con música de carne su cadera describe

círculos en el aire

Va y vienen acompasando el filo de las horas

Vende el licor Brinda sonrisas y escapa girando girando...

Se derrama el licor Ya es tiempo de partir

Sus alas casi no aletean

Ha sellado la noche la ebriedad Y camina

hacia la calle

Bajo el rumor de una estrella lejana

pinta el amanecer

 

El mar de oscuro fondo

Redondo abismo trazó un arco de luz

en los días de infancia, el Mar de Oscuro Fondo

Suave la brisa traía olores de arrecifes amanecidos

que embriagaban la batalla del cangrejo

y envolvían el clamor de los buzos

que huían de la codicia de los mercaderes de perlas.

El hombre lavaba su pellejo curtido por la sal

y se comía sus ansias desvelo tras desvelos

evidenciando el porvenir.

Era cuando mi padre se perdía en las altas mareas

nocturnas para bajar al fondo de los acantilados.

Yo le seguía mordiéndole los pies en la alborada

hasta tocar el justo límite de las madréporas.

Azulosa la noche alumbraba un toro desbocado

y tempestuoso que cuajaba en desolación

la inmensidad marina.

Hombres y veleros rizaban el viento de la muerte

y encadenaban el dolor y la amargura para arribar

airosos a las playas del llanto y de mis días.

Del fondo iba emergiendo como un parto,

como una floración el lanchón de la pesca

que entumecidas manos rescataban

de la profundidad secreta.

Con su rescate púrpura esperanza alumbraron

mis deudos del olvido sus noches preñadas

de desamparo y hambre.

Él y yo éramos una aventura heredada

de la primera huella que roturó las rutas

de mi Isla encantada: encantada por su embriagante luz.


Francisco Nicolás Castillo (Porlamar, 1920). Siempre ha sido el poeta Castillo. Espuma migratoria, Terruño isla, La luz encandilada, El lazarillo del mar y Réquiem para una perla muerta son algunos de sus poemarios.


 

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