Trascendencia

Graciela Zuppelli

Me encontraba, como todos los días, caminando hacia mi trabajo. Siempre era igual. Odiaba la cotidianidad. Deseaba un cambio, algo distinto y no lo de todos los días: levantarse muy temprano, lavar la ropa sucia para no acumularla, preparar el desayuno, despertar a mi esposo, a mis hijos para ir al colegio, etc.

Tengo cinco hijos, todos muy queridos. Recuerdo que quería dos solamente, pero estos métodos anticonceptivos ¡no se puede ya confiar en ellos! Sin embargo, yo los adoro, y los cuido como tesoros que son para mí.

Mi esposo es un hombre sencillo, no de muy altas ambiciones, ¡pero eso sí! muy trabajador. Aunque el pobre no gana mucho. De aquí que, para poder sobrevivir todos, yo también trabajo.

Mi vida es muy rutinaria, yo lucho desesperadamente por evitarlo, pero no lo logro. A veces me siento desencantada de no poder lograr algo distinto. Me engaño a mí misma diciéndome que es por falta de tiempo (no lograr un cambio). Mas éste pasa y yo con él me voy trabajando, lavando, cuidando de mi prole, pero por dentro de mí algo está vacío.

No vi el carro sino que lo sentí sobre mí, destruyendo mi vida. Ahora me veía a mí misma ensangrentada, a dos metros de mi cuerpo. La gente comenzó a arremolinarse a mi alrededor y de pronto ya no me vi más. Traté de hacerme paso entre la gente, y vi con gran asombro que no necesitaba hacerlo, que podía moverme a mi voluntad, rápida y silenciosamente. Nadie podía verme. Traspasaba a la gente sin querer hasta que llegué junto a mi cuerpo otra vez. Me pude ver de nuevo. Quizás por última vez. Tenía una rueda delantera sobre mi estómago. Seguramente me había destrozado todo por dentro. Ahora estoy muerta. Mis hijos se quedaron solos. ¿Quién se hará cargo de ellos? Y mi esposo, ¿qué será de él? Pensé en esperarlo al pie de la tragedia.

Por fin había trascendido.


Graciela Zuppelli, estudió Letras. Tiene publicados los poemarios Universo de amor y Canto de amor.