El salitre y la gracia

Para Augusto Hernández

Un conocido "cacho" margariteño da cuenta del escarnio conyugal que hubo de sufrir una recién casada cuya inexistente virginidad –puesta en reclamo ante la madre por el estrenado, furioso y forastero marido– había sido abatida sin embargo, según ésta, no por hombre, instrumento o divinidad alguna sino nada menos que por el mismísimo salitre. "Mijo –explicaba la convincente mujer al para nada convencido esposo– si el salitre es capaz de ‘comerse’ un rezón, qué no hará con un virgo?".

El cuento, amén del refinamiento o sutileza que sólo los espíritus elevados son incapaces de percibir, no está exento de enseñanzas.

Derivada de los patrones culturales inherentes a la condición margariteña, su primera lección nos devuelve algo que pocos cronistas o historiadores han estudiado en profundidad: cómo el (aparente) aislamiento y los prejuicios entronizados en la isla por siglos de coloniaje y fundamentalismo religioso (católico contrarreformista) fueron, si no vencidos, contenidos por el humor, la mofa y el ingenio de nuestro pueblo. Cuando tabúes, aprensiones y prohibiciones quisieron aherrojar cuerpos y almas, toparon siempre con la profana irreverencia insular, no pocas veces vestida de frac.

La gran aventura margariteña no sólo se hizo y se hace en el mar: también en las conciencias navega como espíritu libre, con gracia impar.

Y aunque la pacatería, y con ella el conservadurismo más obstinado, aún anidan en muchas mentalidades ancladas en la historia, éstas, como el marido del cuentecillo, siempre hallarán quien les recuerde que el humilde y amargo salitre, tanto como el tiempo inexorable, es capaz de engullir y transformar rezones, castidades e intolerancias.

Gustavo Pereira


Gustavo Pereira (Punta de Piedras, 1940), poeta, investigador y ensayista. Premio Nacional de Literatura 2001, siendo el único margariteño que ha alcanzado tal alto galardón. En estos momentos dirige la Revista Nacional de Cultura.