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Un margariteño en París

Ekaterina Gamaley

Omar Carreño es un pintor margariteño que siempre ha llevado nuestra querencia por el mundo, sembrando sus colores y su luz en tierras ajenas. Francia, Italia, España, Suiza reconocen, testimonian y valoran a este hombre venezolano nacido en 1927, en San Juan Bautista.

Desde muy pequeño vivió entre poetas, músicos y pintores, acercándose con torpe timidez infantil a ese mundo del arte de la mano recia y firme de su maestro Santiaguito y la maestra Isabelita…

La ciudad de Porlamar era entonces diferente… vivía en la casa de la calle Mariño, muy cerca de la Tipografía El Sol, en la que pintó casi todas las obras de su primera juventud.

Su inquieta mano de artista, dominada por la curiosidad de crear y descubrir, lo llevó a pintar los mapas y dibujos de ciencias en el pizarrón de los otros grados en la escuela estatal "Santiago Salazar Fermín".

De sus recuerdos infantiles, nos guardó algunas semblanzas: con su primo Gregorio Rodríguez Ordaz, dibujaba "películas" de vaqueros por series de recuadros en largas cintas de papel. Sus primeras esculturillas fueron modeladas con barro de la calle Zamora en complicidad con Jesús Aguilera. Con Héctor Bichara, rodeó toda una cuadra de la calle Mariño con dibujos hechos con piedras blandas y tiza sobre las aceras, bajo la simpatía de todo el vecindario.

El ansia de descubrir y conocer lo llevó a Europa, cuando contaba 24 años.

En Francia, inicia sus pasos en el abstraccionismo, movimiento pictórico en boga. Comienza sus Relieves, algunos de ellos con inclusión de partes metálicas. En esta etapa emprende sus primeras obras tridimensionales transformables. Estos trabajos son el punto de partida del movimiento expansionista, cuya paternidad indiscutible se atribuye a Omar Carreño. Su interés particular va más allá de la mera contemplación de la obra de arte; Omar busca incesantemente una compenetración más íntima del espectador con la obra a través de la manipulación directa y el contacto físico.

En un artículo publicado en EL Universal, de fecha 22/01/67, Omar comenta: "… el movimiento expansionista es una invitación al espectador para que intervenga, para que aproveche la oportunidad que se le brinda de colocar los elementos de la obra en la forma que esté más de acuerdo con su sensibilidad o capricho".

En el año 60 concibe el proyecto visionario de una escultura inmensa moviéndose en los cielos nocturnos de Caracas. Lamentablemente, la falta de promoción cultural y de recursos técnicos y financieros impide, aun hasta nuestros días, la realización de esta colosal empresa.

Posteriormente, inicia una nueva etapa en su vida artística y se orienta hacia el arte figurativo, con sus Veleros, movimiento que lo retrotrae a sus primeros años en la isla.

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Omar Carreño es uno de los artistas más completos del país, ya que ha establecido una vinculación permanente entre las diferentes disciplinas del quehacer artístico. Su condición vanguardista lo ha llevado a incursionar ávidamente en diversos movimientos plásticos y culturales, perfilando una actitud siempre innovadora y disidente. Perteneció al grupo Sardio, movimiento literario que hizo su aparición en el año 1958, que buscaba el remozamiento del lenguaje y pugnaba por la imagen en términos inaprensibles.

Considera la necesidad de hacer un arte verdaderamente colectivo, en el cual el arquitecto, el escultor y el pintor conjuguen sus esfuerzos individuales para crear y perfeccionar una obra. Indudablemente, aquí entra en juego la tecnología, de la cual Omar se sirve como parte indispensable e indisoluble de su obra.

Asimismo, manifiesta que "el trabajo en equipo con grandes cibernetistas permitirá la realización de grandes obras de arte destinadas a grandes comunidades".

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De sus múltiples logros cabe mencionar, además de sus exposiciones colectivas e individuales en Venezuela y buena parte de Europa, el haber sido galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas en el año 1972, cuya particularidad fue la de integrar todas las especialidades (pintura, escultura, artes experimentales, grabado, dibujo y artes aplicadas) considerando el conjunto de la obra de toda su vida. Recibió asimismo, el Premio Arturo Michelena, en el año 1973. Participó como miembro del jurado del gran premio en la Bienal de Venecia, y ha obtenido numerosas distinciones y reconocimientos en las galerías más importantes del mundo. En el año 1972, montó el pabellón venezolano en la XXXVI Bienal de Venecia. En palabras del crítico de arte Roberto Guevara "…en todo este panorama desigual y confuso, el pabellón de Venezuela es un momento de sosiego y fascinación. La obra realizada por Omar Carreño es excelente. Una verdadera experiencia de ambientación que rodea al espectador por todas partes".

Es el único venezolano que expone permanentemente en la Galería Arnaud, de París. El doce de abril de este año, el Salón "Grandes y jóvenes de hoy en París" le rendirá un homenaje a este margariteño que dentro de las artes ha sabido llevar con distinción su visión futurista. En esta exposición intervienen artistas de Alemania, Francia, Italia y otros países de Europa. Actualmente, Omar conserva su taller en París, donde desarrolla su trabajo.

Honramos la presencia espiritual de Omar Carreño en la portada de este Tropel de Luces Nº 8, que lleva al mundo literario el color, la poesía y el equilibrio de sus formas.

Omar: que este reconocimiento que te hacen las letras margariteñas y que te honra hoy no sea tardío y siga siendo tu aliento para seguir trabajando.


Ekaterina Gamaley (Maracaibo, 1962), residenciada en la isla desde hace varios años. Ejerce la docencia. Cuando oscurece cosecha poesías. Clorinda Fuentes (Porlamar, 1953), promotora cultural, de tanto andar entre poetas ha terminado escribiendo poesía.